-- Qué tranquilidad cuando paseaba con mi melena al viento sintiendo a mi alrededor el respeto de todos los animales. Qué distinto mi reino cuando un solo rugido mío paralizaba cualquier movimiento a mi paso, cuando toda la selva era una alfombra para mis dolidas garras, un inmenso colchón para zanganear sin mayor preocupación que la carne que se me quedaba entre los colmillos después de cada festín. Entonces nada escapaba a mi señorío, como debe ser, para eso soy el Rey Leónidas, siempre fue así y nunca debió cambiar, cada animal estaba donde le correspondía, y cumplía su función....y la mía era vivir a cuerpo de rey. Oh, cómo añoro aquellos tiempos.
-- Desde luego, excelencia!! Qué bien se vivía en la jungla cunado no había internet!!!
-- Ni la menciones!...ese reptil insidioso y susurrante apareció de la nada un día y desde entonces mi vida se ha convertido en un infierno.....los monos me buscan con insistencia subidos en elefantes y rinocerontes, las jirafas acechan a kilómetros escoltadas por pezuñas rabiosas con pintadas de guerra, los buitres me tutean, me dicen: eh tú, no corras!.......hasta los ñúes me miran mal y me silban si me acerco a una charca, tengo que ir por las aldeas acorralando gallinas para alimentarme a riesgo de ser yo el que se convierta en alfombra............dios mío, se me está cayendo el pelo!!! qué va a ser de mi.......
-- No sufráis alteza, todavía tendréis algún otro rey amigo dispuesto a echaros una zarpa en estos momentos tan delicados.
-- Son malos tiempos para los de mi estirpe. Ya no hay lugar seguro donde esconderse para los orgullosos Leónidas, después de todo lo que nos hemos esforzado por mantener el equilibrio natural de las cosas, somos recompensados así....nosotros siempre hemos amado esta selva y a todos los animales, también aquellos que nos servían de alimento, ¿qué culpa tenemos nosotros de ser Leónidas?......ahora ha llegado esa culebra maligna que se hace llamar Internet y lo ha puesto todo patas arriba, los pájaros disparando a las escopetas, no es justo.......ningún animal atiende a mi rugido, todos, desde la minúscula polilla hasta el grasiento hipopótamo cuchichean entre ellos y se dicen su parecer, y no sé cómo pero se han puesto de acuerdo...y lo que nunca han hecho, ahora se comportan, cómo lo diría, como más ellos mismos, los búfalos como más búfalos, las hienas como más hienas, los gorilas como más gorilas, así sucesivamente, hasta los flamencos se ponen más flamencos.....es imposible, estoy perdido.....y mi dieta por los suelos!!!
-- Acaso no tiene su majestad algún pariente lejano, alguna isla desierta, no sé, algún búnker subterráneo....
-- No digas tonterías Camaleónidas!!!! Estamos en la selva, mis reservas han volado.....puta serpiente.....¡¡¡cuánto te aborrezco, Internet!!!
-- Si mi señor no se enfada y mi humilde cuerpecillo no va a sufrir peligro alguno, me atrevería a sugerirle que a lo mejor, no sería una mala estrategia aliarse con la serpiente.
Apenas había terminado de pronunciar estas palabras el bueno de Camaleónidas cuando fue engullido por Internet, que por vez primera hizo acto de presencia frente al soberano, alzándose ante él con mirada desafiante. Leónidas lanzó un grito de espanto y echó a correr como alma que lleva el diablo, pero Internet era más rápida y por mucho que el pobre rey huyese siempre se daba de bruces con la mirada fulminante de Internet......hasta que ya no pudo correr más. Abatido, humillado, exhausto, Leónidas rompió en sollozos como cuando era un cachorro, acurrucado sobre sí mismo, su cuerpo otrora musculoso y triunfante era un amasijo de costillas temblorosas, de esta manera, arrullado por la susurrante voz de la serpiente es como Leónidas, el viejo rey de la selva se quedó dormido para siempre.
En tercer lugar más sombrío como gratas brevedades. Plumón con alisos y eretismo más seguro. Aquí no hay dragoncillos.
Derrotar la fruta del pan en presagio. Zona de choque, primate galardonado. ¿Yuca o proridad? El lemur nunca hiberna.
¡Hay que mimar a las grúas! Narrad el armamento. Silencio o serás vibrado.
Defensibilidad en el floreado hiato. Rozando la fiebre de los accesos. Virtuoso, virtuoso, virtuosa trampilla.
Tembién el gigante más cursi del tarot otra naranja ya mancillada. Es a través de la detección que oímos todos los sofocos y retales, chillando aquí mismo da vueltas un almanaque con yema. Esto es esfuerzo para el hábito de sectarios torneados por cigarras. El glaciar encefálico sale volando en un viento nulificador que es molido desde mi legión.
"La Lista de Sinde" es una campaña en respuesta a la intención del Gobierno Español de crear una comisión censora en el Ministerio de Cultura con potestad para cerrar y bloquear webs sin las garantías de un juicio previo. La Coalición de Creadores e Industrias de Contenidos ha entregado ya al Ministerio de Cultura una lista de 200 webs que según su criterio deberían ser censuradas inmediatamente...
"La Lista de Sinde" recoge un listado de las páginas web que se han ido "autoinculpando" de intercambiar cultura libremente mediante la integración de un buscador de descargas. Nuestro objetivo es responder con esta nueva lista de otras 200, 2.000 o 20.000 páginas web que el Gobierno debería también censurar por la misma razón: compartir cultura. Hasta ahora, los jueces siempre nos han dado la razón, pero si el Gobierno consigue poder cerrar y bloquear webs sin un juicio previo, tendrá que ir también a por todas las nuestras. ¡Ahora la Red actúa, únete!
Todos los cerdos de este mundo deben morir. El futuro de nuestra sociedad depende de ello. Y alguien tiene que hacer el trabajo sucio. Mañana todas las personas de bien se levantarán temprano como cada día y cumplirán en el trabajo, cuando salgan pasarán por el supermercado y cumplirán con el comercio, y llegarán finalmente a sus casas y también cumplirán con sus familias, pero cuando se acuesten en sus camas lo harán sin pesar alguno y sus sueños serán limpios y despejados como los de un lechoncillo porque nosotros habremos hecho bien nuestro trabajo. Sois de una raza especial, no lo olvidéis. ¿Qué somos?
¡SOMOS MATACHINES!
¿Y qué es lo que hacemos?
¡¡¡DEGOLLAR!!!¡¡¡RAJAR!!!¡¡¡DESCUARTIZAR!!!
No os dejéis engañar por aquellos que se proclaman amigos de los animales, moderados y otras zarandajas dialécticas, no son más que hipócritas a los que también les llegará la hora de la verdad, y cuando ésta llegue habrá sangre, mucha sangre. No lo dudéis, nuestra misión es crucial, que nunca os tiemble el pulso a la altura de la yugular. Algunos cerdos son muy listos y tratarán de persuadiros pero el matachín jamás debe mostrar piedad. Los cerdos cerdos son y sólo tienen un camino...
¡¡¡EL FILO DE MI YATAGÁN, TAMBIÉN CONOCIDO COMO SANGRADERA!!!
Muy bien, matachines, ya estáis listos. Ahora salid ahí fuera y haced aquello para lo que habéis nacido.
El buitre Leonardo era un calvorota de mirada trágica que siempre andaba metido en todos los fregaos. De festín en festín, nada se tomaba en serio excepto la juerga. No se le conocía oficio ni posesiones ni alcurnia pero allá donde hubiese algo que celebrar, allí estaba el buitre Leonardo animando el cotarro. Dábale igual bautizo que funeral, del banquete no había mayor profesional.
Bailando era torpón pero abrazaba a los invitados de diez en diez y en el trato, aunque insistente, era campechano y amistoso. Siempre presto al brindis y al desparrame, no conocía haíto ni saciedad.
Pero llegado el momento, casi siempre al final, un gesto le caracterizaba por encima de todo lo demás.
Cuando nadie menos lo esperaba ahuecaba el ala y no había manera de encontrarlo. En esto el buitre Leonardo era un experto. Mil veces intentaron tomarle la delantera y mil veces les burló desapareciendo bajo su ala como un prestidigitador consumado. Los invitados, tan afectuosos minutos antes, se tornaban furiosos y le maldecían porque no pillaban el truco.
No comprendían su arte, pero el buitre Leonardo nunca se ofendía. En el siguiente festín volvía a aparecer como si nada, con las alas en cruz y el pico abierto de oreja a oreja, dispuesto a hacer amigos nuevamente a los que terminará despellejando hasta los huesos, y cuando éstos estuvieren blancos como el marfil, el buitre Leonardo sorprenderá a los invitados por enésima vez con su truco favorito: ahuecar el ala en el momento preciso.