A Vince Taylor le encantaba volar tanto o más que el rock'n'roll.
A los 18 ya tenía una licencia para pilotar aeroplanos y daba sus primeros bolos imitando a Gene Vincent y Elvis Presley por la soleada California, cuando su cuñado Joe Barbera (sí, el de los cartoons Hanna-Barbera), quien por aquel entonces le hacía de mánager, le invitó a que le acompañase a Londres en un viaje de negocios para que chequease la escena musical de la ciudad, esto sucedía en el 58 cuando el rock estaba experimentando un enorme crecimiento a nivel internacional entre la cultura adolescente y había gran demanda de auténticos rockers americanos en UK. La American Invasion integrada por gente como Eddie Cochran, Chuck Berry o Bo Didley entre otros petaba cualquier sala y ciudad por donde pasaba.
Así es que el bueno de Vince no pudo llegar en mejor momento, al poco ya tenía su propia banda, los 'Playboys' con músicos jóvenes y con gran determinación como él (entre ellos el futuro bajista de The Shadows).
A finales de 1960 ya tenía varios singles publicados (incluyendo su mil veces versioneado 'Brand New Cadillac') y pasado por un par de discográficas. Sin embargo su personalidad impredecible, aunque era muy dinámico en el escenario, provocaba conflictos y tensiones con el resto del grupo, de modo que lo largaron, algo que a Vince no pareció afectarle mucho ya que seguía siendo amigo de todos, tal es así que acompañó a la banda a París cuando ésta fue contratada para tocar en el prestigioso Olympia junto a Wee Willie Harris (y su tupé rosa). Vestido con su habitual atuendo de cuero negro, añadió a su look una cadena al cuello y un medallón de Juana de Arco, souvenir que compró a su llegada al puerto de Calaís, de esta guisa protagonizó una prueba de sonido tan impactante que impresionó incluso a la propia banda, inmediatamente el promotor decidió colocar a Vince como cabeza de cartel para cerrar los dos bolos, previamente ya había posado en un reportaje para promocionar sendos eventos, al ser el único que estaba guay para salir en las fotos. Al día siguiente aparecía en las portadas de todas los periódicos parisinos como el líder de L'Anglo rock Invasion.
Durante los dos años siguientes estuvo girando por Europa incluyendo los Paises Bajos, la riviera francesa y España. En la costa Azul dejó colgada a la banda por una top model llamada Helen April y los Playboys se disolvieron nuevamente, pero nunca de manera definitiva, su momento más álgido lo alcanzaron en 1964 abriendo el primer concierto de Rollling Stones en París.
Poco tiempo después los días previos a otro concierto, Vince y 'Stash' (percusionista de su banda) viajaban a Londres y se metían en una fiesta donde conocen a Bob Dylan, Nico y otros artistas de la escena del nuevo acid rock. Esa noche cambió su vida. Con el ímpetu de un auténtico rocker hizo gran acopio de alcohol, anfetaminas y ácido, y su mente no lo resistió. De vuelta la noche del concierto, con un local abarrotado, al borde de convertirse en una gran estrella internacional, Vince Taylor colapsó. Salió al escenario tratando de evangelizar a la audiencia, decía ser el profeta San Mateo, se puso a rezar por el micro mientras la banda estupefacta le seguía el juego asintiendo a todo lo que decía. La audiencia parecía no entender, pensando que formaría parte del show, pero después de 15 minutos corriendo por el escenario con una toalla líada a la cabeza y varios intentos fallidos de comenzar una canción empezó a derribar los amplis...., en fin, un desastre.
Tras esto la banda se deshizo y Taylor se unió a un movimiento religioso. Años después su amigo y batería de los Playboys de toda la vida, Bobbie Clark, se unió a Vince en un último intento de regreso en una mini gira de un mes por Francia fomentada por sus antiguos fans, pero en los shows paraba de moverse o dejaba de cantar de repente, o la banda empezaba con un tema y él cantaba la letra de otro, ocasionalmente salía de su estado, cantaba 5 ó 6 canciones correctamente y sin motivo aparente abandonaba el escenario sin decir una palabra. El final de la gira fue en Colombes, en una bar, Le Cadran, con un escenario y 500 butacas, donde ese año ya habían pasado The Animals, Spencer Davis Group, y la Jimi Hendrix Experience. justo antes de salir a tocar Taylor decía que no podía cantar, que tenía un mal presentimiento allí, que cuando empezase a cantar todo iba a explotar, lo sentía de manera inminente, sus compañeros le decían que se dejase de tonterías, que tenían que salir, que el público se estaba impacientando, el promotor de la sala entró al camerino para forzarles a salir ante los gritos de la gente. La banda empezó con un instrumental, y cuando encararon 'Trouble' nada más Vince abrió la boca todo el sistema de sonido, los amplificadores, incluso la luz de todo el edificio se vino abajo, oyéndose únicamente la voz de Vince: Ya lo decía yo, ya lo decía yo!
Durante su carrera Taylor escribió y grabó muchas canciones siendo inspiración confesada por muchos artistas dispares como Johnny Hallyday, David Bowie, The Clash, o Loquillo, por decir algunos.
Durante sus últimos años vivió en Suiza donde trabajaba como mecánico de aeroplanos.
Él decía que era la mejor etapa de su vida hasta que la abandonó en 1991.
Caminábamos vosotros cuatro y yo azarosamente campoatravés. Nos sentíamos felices y un viento fresco y agradable se interponía entre nosotros y la nada que teníamos por delante.
A lo lejos divisamos una luz y decidimos dirigirnos hacia ella con gran curiosidad. A medida que avanzamos nos dimos cuenta que la luz provenía de algo parecido a una casita pequeña.
tú dijiste -- ¡será un urinario!
¡vaya, -- pensé yo -- qué oportuno!
Pero cuando estábamos allí resultó ser una cabina telefónica. ¡Qué raro, pero si ya no hay cabinas! y sin darle mayor importancia nos metimos los cinco dentro de ella. Yo me apresuré a meter el pie para que la puerta no se cerrase totalmente, aunque nos gustan estos sitios pequeños algo me daba en la nariz que no podíamos fíarnos.
Tú hablabas de películas de miedo, en concreto de una titulada 'Aroma podrido' cuando de repente una pareja con su perro entraron en la cabina que necesitaban llamar muy urgente.
¡Claro, no faltaba más! en realidad nosotros estábamos allí pasando el rato.
Vosotros guardabais silencio, el hombre marcaba, la mujer le miraba con nerviosismo y yo sujetaba al perro en mis brazos.
Era uno de esos perros blancos con motas negras según observaba hasta que me di cuenta de que en la cabeza, del cráneo le sobresalía un lanzallamas. Al principio pensé que sería de una raza extraña pero fijándome mejor pude comprobar de que no, de que el lanzallamas era un implante.
No pude resistirme y pregunté -- ¿esto se lo habéis puesto vosotros al perro?
Sí -- me respondió élla -- no hubo más remedio.
Contesté -- la verdad es que no tiene cara de estar muy contento.
El perro me miró... y dijo -- guau! -- y nos asamos todos.
Los objetos no están muertos, sólo están durmiendo.
Esperando secretamente oír una voz que los despierte.
Ellos nos sobrevivirán y contarán nuestra historia,
porque los objetos no están muertos, sóla están durmiendo.
Alfonso Schwarzs.XXI
Eran en total unos doce hombres
Entró en la sinagoga y durante tres meses hablaba con valentía, discutiendo acerca del Reino de Dios e intentando convencerles.
Pero como algunos, obstinados e incrédulos, hablaban mal del Camino ante la gente, rompió con ellos y formó grupo aparte con los discípulos; y diariamente les hablaba en la escuela de Tirano.
Esto duró dos años, de forma que pudieron oír la Palabra del Señor todos los habitantes de Asia, tanto judíos como griegos.
Dios obraba por medio de Pablo milagros no comunes,
de forma que bastaba aplicar a los enfermos los pañuelos o mandiles que había usado y se alejaban de ellos las enfermedades y salían los espíritus malos.
Algunos exorcistas judíos ambulantes intentaron también invocar el nombre del Señor Jesús sobre los que tenían espíritus malos, y decían: «Os conjuro por Jesús a quien predica Pablo.»
Eran siete hijos de un tal Esceva, sumo sacerdote judío, los que hacían esto.
Pero el espíritu malo les respondió: «A Jesús le conozco y sé quién es Pablo; pero vosotros, ¿quiénes sois?»
Y arrojándose sobre ellos el hombre poseído del mal espíritu, dominó a unos y otros y pudo con ellos de forma que tuvieron que huir de aquella casa desnudos y cubiertos de heridas.
Llegaron a enterarse de esto todos los habitantes de Efeso, tanto judíos como griegos. El temor se apoderó de todos ellos y fue glorificado el nombre del Señor Jesús.
Muchos de los que habían creído venían a confesar y declarar sus prácticas.
Bastantes de los que habían practicado la magia reunieron los libros y los quemaron delante de todos. Calcularon el precio de los libros y hallaron que subía a 50.000 monedas de plata.
De esta forma la Palabra del Señor crecía y se robustecía poderosamente.
Después de estos sucesos, Pablo tomó la decisión de ir a Jerusalén pasando por Macedonia y Acaya. Y decía: «Después de estar allí he de visitar también Roma.»
Envió a Macedonia a dos de sus auxiliares, Timoteo y Erasto, mientras él se quedaba algún tiempo en Asia.
Por entonces se produjo un tumulto no pequeño con motivo del Camino.
Cierto platero, llamado Demetrio, que labraba en plata templetes de Artemisa y proporcionaba no pocas ganancias a los artífices,
reunió a éstos y también a los obreros de este ramo y les dijo: «Compañeros, vosotros sabéis que a esta industria debemos el bienestar;
pero estáis viendo y oyendo decir que no solamente en Efeso, sino en casi toda el Asia, ese Pablo persuade y aparta a mucha gente, diciendo que no son dioses los que se fabrican con las manos.
Y esto no solamente trae el peligro de que nuestra profesión caiga en descrédito, sino también de que el templo de la gran diosa Artemisa sea tenido en nada y venga a ser despojada de su grandeza aquella a quien adora toda el Asia y toda la tierra.»
Al oír esto, llenos de furor se pusieron a gritar: «¡Grande es la Artemisa de los efesios!»
La ciudad se llenó de confusión. Todos a una se precipitaron en el teatro arrastrando consigo a Gayo y a Aristarco, macedonios, compañeros de viaje de Pablo.
Pablo quiso entrar y presentarse al pueblo, pero se lo impidieron los discípulos.
Incluso algunos asiarcas, que eran amigos suyos, le enviaron a rogar que no se arriesgase a ir al teatro.
Unos girtaban una cosa y otros otra. Había gran confusión en la asamblea y la mayoría no sabía por qué se habían reunido.
Algunos de entre la gente aleccionaron a Alejandro a quien los judíos habían empujado hacia delante. Alejandro pidió silencio con la mano y quería dar explicaciones al pueblo.
Pero al conocer que era judío, todos a una voz se pusieron a gritar durante casi dos horas: «¡Grande es la Artemisa de los efesios!»
Cuando el magistrado logró calmar a la gente, dijo: «Efesios, ¿quién hay que no sepa que la ciudad de los efesios es la guardiana del templo de la gran Artemisa y de su estatua caída del cielo?
Siendo, pues, esto indiscutible, conviene que os calméis y no hagáis nada inconsideradamente.
Habéis traído acá a estos hombres que no son sacrílegos ni blasfeman contra nuestra diosa.
Si Demetrio y los artífices que le acompañan tienen quejas contra alguno, audiencias y procónsules hay; que presenten sus reclamaciones.
Y si tenéis algún otro asunto, se resolverá en la asamblea legal.
Porque, además, corremos peligro de ser acusados de sedición por lo de hoy, no existiendo motivo alguno que nos permita justificar este tumulto.»
La otra tarde trataba de memorizar mi propio número de teléfono cuando de repente me vino a la cabeza con enorme nitidez el número de mi casa cuando era un adolescente y vivía en familia. Se me ocurrió preguntarme quién podría ser el actual usuario de ese número y mi curiosidad me llevó a marcarlo.
Tras unos segundos de espera alguien descolgó el aparato, y me encontré hablando con mi padre treinta años atrás:
-- Buenas tardes, sr. Izquierdo, ¿Qué tal le va?
-- Muy bien ¿quién llama?
-- Quería hablar con su hijo, soy un compañero suyo.
-- ¿No serás su ángel de la guarda?
-- Oh! no señor, yo llamo de parte del demonio.
-- Ya veo lo mucho que mejora la vida social de mi hijo.....
(¡¡Romeo,....te buscan!!)
-- Dígame.
-- Hola Romeo, no te lo vas a creer pero soy tú mismo llamándote desde el futuro.
-- ¿De qué hablas?
-- Del futuro.
-- El caso es que la voz me suena.
-- Es tu voz después de treinta años de guerra.
-- ¿De guerra, es que va a haber una guerra?
-- La otra noche, estrellasteis el coche de la madre de tu amigo, como es rica pagará el seguro, pero no llevabais puesta la L y conducías tú.
-- Esta conversación empieza a no gustarme.
-- Tranquilo muchacho, vas a salir de muchas y peores que ésta.
-- Y qué tal me va a ir con las mujeres, ahora estoy testoterónico perdido.
-- Prefiero que lo desubras por ti msimo, pero te aviso que yo ahora sigo igual que tú.
-- Pues vaya faena ¿Voy a ser rico por lo menos?
-- Más de lo que crees aunque no vas a tener nunca un duro.
-- Oye, no me estás aclarando gran cosa... ¿Me has traicionado alguna vez?
-- Sí, muchas veces, pero ahora eres un sinvergüenza.
-- ¿Es que hago daño a la gente?
-- La gente se hace daño sola, es inevitable. Te deterioras.
-- Eso no suena bien.
-- No creas, si le pillas el truco puede ser hasta divertido.
-- ¿Y tú se lo has pillado?
-- Eso creo.
-- ¿A qué viene entonces esta llamda?
-- No puedo acordarme de cómo eres.
-- Pero eso es muy triste. Es como si todo lo que hago y soy ahora mismo no tuviese ningún sentido.
-- Lo tiene, pero no el que tú le das. Nunca están todas las cartas en tu mano.
-- Bueno tío, todo esto que me cuentas es muy interesante pero me tengo que abrir que llego tarde a un partido.
-- Jugaréis mal pero vais a ganar.
-- Eso es lo que importa, ¿no?
-- Tú sigue así, y pásame a mamá.