El buitre Leonardo era un calvorota de mirada trágica que siempre andaba metido en todos los fregaos. De festín en festín, nada se tomaba en serio excepto la juerga. No se le conocía oficio ni posesiones ni alcurnia pero allá donde hubiese algo que celebrar, allí estaba el buitre Leonardo animando el cotarro. Dábale igual bautizo que funeral, del banquete no había mayor profesional.
Bailando era torpón pero abrazaba a los invitados de diez en diez y en el trato, aunque insistente, era campechano y amistoso. Siempre presto al brindis y al desparrame, no conocía haíto ni saciedad.
Pero llegado el momento, casi siempre al final, un gesto le caracterizaba por encima de todo lo demás.
Cuando nadie menos lo esperaba ahuecaba el ala y no había manera de encontrarlo. En esto el buitre Leonardo era un experto. Mil veces intentaron tomarle la delantera y mil veces les burló desapareciendo bajo su ala como un prestidigitador consumado. Los invitados, tan afectuosos minutos antes, se tornaban furiosos y le maldecían porque no pillaban el truco.
No comprendían su arte, pero el buitre Leonardo nunca se ofendía. En el siguiente festín volvía a aparecer como si nada, con las alas en cruz y el pico abierto de oreja a oreja, dispuesto a hacer amigos nuevamente a los que terminará despellejando hasta los huesos, y cuando éstos estuvieren blancos como el marfil, el buitre Leonardo sorprenderá a los invitados por enésima vez con su truco favorito: ahuecar el ala en el momento preciso.
Papá, ¿por qué los linces tenemos las orejas puntiagudas?
Porque somos muy listos, hijo.
¿y por qué somos tan listos, papá?
Porque nos beneficiamos del trabajo de los demás sin gastar energía.
¿y cómo hacemos eso?
Muy sencillo, metiéndonos en sus asuntos.
Pues no lo entiendo.
Verás, es muy fácil, ¿tú te acuerdas de la liebre que nos hemos zampado hace un rato?
Sí, qué rica!
Lo sé. Pues minutos antes, el jabalí se me estaba quejando amargamente de que las bellotas estaban blandas; la cabra montesa nada sabía de las bellotas pero le alarmaba notablemente la presencia de un pastor extremista por los alrededores, y el búho por su parte, ignorante de todo aquello, se negaba a continuar con sus rondas nocturnas mientras no se aclarase el tema de la linterna. Han aparecido entonces unos cazadores que venían siguiéndome desde el valle y ha habido una sangría. Mientras festejaban las piezas recién cobradas, tu padre les ha levantado esa deliciosa liebre que llevaban en una cesta y ha salido cortando.
Ya comprendo, papá, los cazadores eran amigos tuyos, ¿verdad?
Por ahí van los tiros, hijo.
Oye papá ¿y por que dicen que los linces estamos en peligro de extinción?
A Vince Taylor le encantaba volar tanto o más que el rock'n'roll. A los 18 ya tenía una licencia para pilotar aeroplanos y daba sus primeros bolos imitando a Gene Vincent y Elvis Presley por la soleada California, cuando su cuñado Joe Barbera (sí, el de los cartoons Hanna-Barbera), quien por aquel entonces le hacía de mánager, le invitó a que le acompañase a Londres en un viaje de negocios para que chequease la escena musical de la ciudad, esto sucedía en el 58 cuando el rock estaba experimentando un enorme crecimiento a nivel internacional entre la cultura adolescente y había gran demanda de auténticos rockers americanos en UK. La American Invasion integrada por gente como Eddie Cochran, Chuck Berry o Bo Didley entre otros petaba cualquier sala y ciudad por donde pasaba. Así es que el bueno de Vince no pudo llegar en mejor momento, al poco ya tenía su propia banda, los 'Playboys' con músicos jóvenes y con gran determinación como él (entre ellos el futuro bajista de The Shadows). A finales de 1960 ya tenía varios singles publicados (incluyendo su mil veces versioneado 'Brand New Cadillac') y pasado por un par de discográficas. Sin embargo su personalidad impredecible, aunque era muy dinámico en el escenario, provocaba conflictos y tensiones con el resto del grupo, de modo que lo largaron, algo que a Vince no pareció afectarle mucho ya que seguía siendo amigo de todos, tal es así que acompañó a la banda a París cuando ésta fue contratada para tocar en el prestigioso Olympia junto a Wee Willie Harris (y su tupé rosa). Vestido con su habitual atuendo de cuero negro, añadió a su look una cadena al cuello y un medallón de Juana de Arco, souvenir que compró a su llegada al puerto de Calaís, de esta guisa protagonizó una prueba de sonido tan impactante que impresionó incluso a la propia banda, inmediatamente el promotor decidió colocar a Vince como cabeza de cartel para cerrar los dos bolos, previamente ya había posado en un reportaje para promocionar sendos eventos, al ser el único que estaba guay para salir en las fotos. Al día siguiente aparecía en las portadas de todas los periódicos parisinos como el líder de L'Anglo rock Invasion. Durante los dos años siguientes estuvo girando por Europa incluyendo los Paises Bajos, la riviera francesa y España. En la costa Azul dejó colgada a la banda por una top model llamada Helen April y los Playboys se disolvieron nuevamente, pero nunca de manera definitiva, su momento más álgido lo alcanzaron en 1964 abriendo el primer concierto de Rollling Stones en París. Poco tiempo después los días previos a otro concierto, Vince y 'Stash' (percusionista de su banda) viajaban a Londres y se metían en una fiesta donde conocen a Bob Dylan, Nico y otros artistas de la escena del nuevo acid rock. Esa noche cambió su vida. Con el ímpetu de un auténtico rocker hizo gran acopio de alcohol, anfetaminas y ácido, y su mente no lo resistió. De vuelta la noche del concierto, con un local abarrotado, al borde de convertirse en una gran estrella internacional, Vince Taylor colapsó. Salió al escenario tratando de evangelizar a la audiencia, decía ser el profeta San Mateo, se puso a rezar por el micro mientras la banda estupefacta le seguía el juego asintiendo a todo lo que decía. La audiencia parecía no entender, pensando que formaría parte del show, pero después de 15 minutos corriendo por el escenario con una toalla líada a la cabeza y varios intentos fallidos de comenzar una canción empezó a derribar los amplis...., en fin, un desastre. Tras esto la banda se deshizo y Taylor se unió a un movimiento religioso. Años después su amigo y batería de los Playboys de toda la vida, Bobbie Clark, se unió a Vince en un último intento de regreso en una mini gira de un mes por Francia fomentada por sus antiguos fans, pero en los shows paraba de moverse o dejaba de cantar de repente, o la banda empezaba con un tema y él cantaba la letra de otro, ocasionalmente salía de su estado, cantaba 5 ó 6 canciones correctamente y sin motivo aparente abandonaba el escenario sin decir una palabra. El final de la gira fue en Colombes, en una bar, Le Cadran, con un escenario y 500 butacas, donde ese año ya habían pasado The Animals, Spencer Davis Group, y la Jimi Hendrix Experience. justo antes de salir a tocar Taylor decía que no podía cantar, que tenía un mal presentimiento allí, que cuando empezase a cantar todo iba a explotar, lo sentía de manera inminente, sus compañeros le decían que se dejase de tonterías, que tenían que salir, que el público se estaba impacientando, el promotor de la sala entró al camerino para forzarles a salir ante los gritos de la gente. La banda empezó con un instrumental, y cuando encararon 'Trouble' nada más Vince abrió la boca todo el sistema de sonido, los amplificadores, incluso la luz de todo el edificio se vino abajo, oyéndose únicamente la voz de Vince: Ya lo decía yo, ya lo decía yo! Durante su carrera Taylor escribió y grabó muchas canciones siendo inspiración confesada por muchos artistas dispares como Johnny Hallyday, David Bowie, The Clash, o Loquillo, por decir algunos. Durante sus últimos años vivió en Suiza donde trabajaba como mecánico de aeroplanos. Él decía que era la mejor etapa de su vida hasta que la abandonó en 1991.
Vaya. qué bueno encontrarte. Me dijeron que ya habías salido y me alegré mucho de veras, pero cuéntame, ¿cómo estás?
Pues ya me ves, parezco otro. La verdad es que necesitaba un largo internado, cortar drásticamente con la espiral autodestructiva por la que me precipitaba.
Es cierto, todos lo veíamos venir.
Y yo me daba cuenta pero no quería verlo....no quería parar ¿sabes? si lo hacía todo el mundo que me había creado se iba a hacer añicos. No quería oír el sonido de la losa del fracaso aplastándome como una hormiga, o eso era lo que yo pensaba, o era más bien lo que mi psiquiatra dice que yo pensaba como única salida, el terror a aceptar la situación bloqueó la consideración de otras perspectivas posibles y dispuso el piloto automático en mi deriva hacia ninguna parte, aun sabiendo que eso iba a ser mucho peor y más doloroso.
Ha tenido que ser muy duro para ti.
Ni lo imaginas. Según parece la vanidad es la peor de las trampas, es la más sutil y la más destructiva, opera como un parásito que se alimenta de ti mismo hasta tal punto que se hace más grande que tú mismo, y lo peor de todo es que el sujeto ni se entera. Luchar contra ella conlleva tragar mucha suciedad y eso a nadie le gusta. La vergüenza, la humillación, que suponían para mi no haber conseguido ni uno solo de mis objetivos, es más, la patética aceptación de mi mediocridad por no haber sido capaz de fijarme unos objetivos más acordes con mis posibilidades quemaban como látigos, el temor a decepcionar a todo el mundo, todo esto son estrategias masoquistas que la vanidad moviliza en nuestro interior con el fin de que tengamos más motivos para compadecernos de nosotros mismos, y de esa manera seguir aumentando nuestro ego.
Dicho así da hasta miedo.
Y no te falta razón, peor que morirse es volverse loco, eso da mucho miedo, como los sanatorios mentales, su simple existencia acojona, pero por fortuna yo he disfrutado de una estancia tranquila y reposada que me ha servido para reflexionar sobre mi vida y poner en orden mis valores y prioridades. He seguido todas las terapias con enorme interés y el resultado es que me han soltado antes de lo esperado.
Bueno, todos estábamos seguros de que enseguida reencontrarías tu camino, tonto no eres.
Y que lo digas, porque por fin he encontrado un objetivo a mi medida. Este tiempo de soledad y, supongo que también la medicación, han hecho que me diese cuenta de que debo buscar la sencillez en lo emocional y la simplicidad en lo práctico para poder volver a contactar con la sociedad. Nada de complicaciones, algo que pueda desarrollar por mi mismo desde cero con la única pretensión de una supervivencia tranquila y el servicio a los demás.
Caramba, suena bien.
Nunca mejor dicho porque también habrá musiquita. Voy a montar un chiringuito, puequeñito como esos de la playa que te puedes tomar un quinto y unas olivas mientras lees el periódico o se bañan los críos. Lo tengo todo pensado, aquí en la cabeza, algo limpio y barato, lo de siempre, tortillita española, cascaruja, algún helado.....ah, y oye, en un sitio donde siempre es temporada alta.
Vaya, no sé qué decir....es estupendo! Te deseo mucha suerte, seguro que a partir de ahora las cosas te van a ir mucho mejor, me alegro de veras....y puedes contar con nosotros como clientes desde ya. ¿Dónde lo vas a abrir?
Pues lo voy a montar en el Everest ¿qué te parece?