Emborrachaos

Hay que estar siempre borracho. Esa es la clave, ésa la única cuestión. Para no sentir la horrible carga del Tiempo que os rompe los hombros y os inclina hacia el suelo, tenéis que emborracharos sin tregua.
¿De qué? De vino, de poesía, de virtud, a vuestro antojo. Pero emborrachaos.
Y si en algún momento, en las escalinatas de un palacio, sobre la verde hierba de un foso, en la soledad triste de vuestra habitación, os despertáis, la embriaguez menguada o desaparecida, preguntad al viento, a la ola, a la estrella, al pájaro, al reloj, a todo lo que huye, a todo lo que gime, a todo lo que rueda, a todo lo que canta, a todo lo que habla, preguntadles qué hora es; y el viento, la ola, la estella, el pájaro, el reloj, os responderán: "¡Es la hora de emborracharse! Para no ser esclavos martirizados del Tiempo, emborrachaos; ¡emborrachaos sin tregua! De vino, de poesía o de virtud: a vuestro antojo".
Charles Baudelaire s.XIX

El Agente dijo
Esa teoría fue completada mucho mejor por, por ejemplo, Schopenhauer, que hablaba de momentos apolíneos y dionisíacos. En los primeros contemplábamos todo como espectadores alejados y bajo el prisma de la razón, y en los segundos como actores implicados y bajo el prisma del desenfreno
23 Mayo 2006 | 04:22 PM