Era una noche clara

Caminábamos vosotros cuatro y yo azarosamente campoatravés. Nos sentíamos felices y un viento fresco y agradable se interponía entre nosotros y la nada que teníamos por delante.
A lo lejos divisamos una luz y decidimos dirigirnos hacia ella con gran curiosidad. A medida que avanzamos nos dimos cuenta que la luz provenía de algo parecido a una casita pequeña.
tú dijiste -- ¡será un urinario!
¡vaya, -- pensé yo -- qué oportuno!
Pero cuando estábamos allí resultó ser una cabina telefónica. ¡Qué raro, pero si ya no hay cabinas! y sin darle mayor importancia nos metimos los cinco dentro de ella. Yo me apresuré a meter el pie para que la puerta no se cerrase totalmente, aunque nos gustan estos sitios pequeños algo me daba en la nariz que no podíamos fíarnos.
Tú hablabas de películas de miedo, en concreto de una titulada 'Aroma podrido' cuando de repente una pareja con su perro entraron en la cabina que necesitaban llamar muy urgente.
¡Claro, no faltaba más! en realidad nosotros estábamos allí pasando el rato.
Vosotros guardabais silencio, el hombre marcaba, la mujer le miraba con nerviosismo y yo sujetaba al perro en mis brazos.
Era uno de esos perros blancos con motas negras según observaba hasta que me di cuenta de que en la cabeza, del cráneo le sobresalía un lanzallamas. Al principio pensé que sería de una raza extraña pero fijándome mejor pude comprobar de que no, de que el lanzallamas era un implante.
No pude resistirme y pregunté -- ¿esto se lo habéis puesto vosotros al perro?
Sí -- me respondió élla -- no hubo más remedio.
Contesté -- la verdad es que no tiene cara de estar muy contento.
El perro me miró... y dijo -- guau! -- y nos asamos todos.
Luis Sonámbulo s. XXI
soundtrack: 'shining' Philip Jeck
